El viernes pasado, he publicado en El Semanal de La Mancha el siguiente artículo en homenaje a Antonio Mingote, en el que he aprovechado además para ofrecer mi crítica a un ABC en decadencia.
Ya me contarán lo que les parece.
Y, por si fuera poco, se nos mueren los poetas
Zorann Petrovici – Historia, Universidad Complutense
Quienes leemos el ABC, cada vez tenemos menos razones para hacerlo. Este periódico centenario se ha caracterizado desde que, a inicios del siglo XX fuera fundado por don Torcuato Luca de Tena, por dar abrigo a las plumas más brillantes y a los pensamientos más autorizados, como colaboradores habituales, o esporádicos en su conocida Tercera o en otros espacios dedicados a la opinión sensata y bien fundamentada. Algo de eso queda todavía, siendo precisamente algunas de esas firmas las que lo hacen valedor del lector cotidiano. Pero el ABC era en su conjunto un periódico de calidad tanto en el fondo como en la forma. Un periodismo riguroso y cuidado era su bandera junto a su identidad monárquica, católica y conservadora.
En más de cien años, tiempo hay para sufrir crisis y el ABC da fe de ello. Luis María Anson recibió el encargo de dirigir un ABC maltrecho tras una larga decadencia durante el franquismo, y tuvo lo habilidad de devolverlo a la primera línea del periodismo español. El hoy de ABC es otro periodo de crisis y dificultades. En la forma – las faltas de ortografía, sintaxis… se han vuelto norma – y desde luego en el fondo, con un periodismo que ha perdido mucho de su rigor, cuyos reportajes y noticias no presentan el interés y la seriedad que de ellos se espera, dejando paso a una información que raya demasiadas veces en lo banal, en lo rosa.
En su labor en pro de la monarquía está dejándose ganar terreno (El País está haciendo un trabajo a veces más serio y favorable a la institución monárquica) debido a la presencia de una apología necia y baladí, sin profundizar en los aspectos de fondo sobre los que se debería basar la defensa de la monarquía (la neutralidad de ésta por definición en su labor de arbitrio, por ejemplo, y no los objetos que acompañan al Rey en su despacho).
En definitiva, cada vez encontramos menos cosas de aquellas que buscamos en sus páginas. Y, por si fuera poco, se le mueren los poetas. Se nos mueren los poetas. La viñeta – o, lo que es lo mismo, la poesía – de Mingote en las páginas de ABC (y a veces en su portada) era una razón de peso para abrir cada mañana este diario de cabecera. Su visión clara y aguda nos presentaba desde el año 1953 una ilustración para cada día que, juntas, trazan el retrato de una sociedad a lo largo del tiempo, con sus grandezas y sus miserias, con sus locuras y sus corduras, con sus aciertos y sus errores. En este tiempo hostil, propicio al odio, como decía Ángel González, recogido por el propio Mingote en su viñeta en homenaje al poeta, estos pequeños aldabonazos de realidad y certeza como los que nos proporcionaba a diario don Antonio Mingote nos son más que necesarios, vitales. Y si, por si fuera poco, encima se nos mueren los poetas, nos quedamos un poco más perdidos, un poco más desorientados.
